
Esos momentos amargos que terminan con nuestra felicidad, esas palabras crudas que no dejamos de recordar, pensar que son simples momentos de ira que una palabra podemos solucionar, pero nuestro orgulloso nos retiene aislados y marchitados, pensando en que momento salimos de nuestro perimetro con sentimientos controlados. Tal como el hielo se derrite nosotros damos a torser nuestro brazo para sentirnos alegres de haber vuelto a sonreir estando acompañados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario